• José de la Cruz, M.th

RETRATO DE UN EGOISTA

Actualizado: 26 sept 2020

Lucas 16: 19-31

La parábola del rico y Lázaro nos presenta una radiografía de la condición humana. Hoy como en los días de Jesús, la desigualdad social ha estado muy presente. Entre algunos de los males sociales está la pobreza que ningún sistema social o político ha podido solucionar. En cambio, el evangelio de Jesús nos presenta otra perspectiva desde la gracia, un evangelio de amor que unifica y promueve soluciones sociales, económicas, morales, éticas y físicas para la humanidad.

Jesús experimentó la pobreza como hijo de una familia numérica, desde su nacimiento (Lc. 2.16) hasta la presentación de María su madre en el templo, la cual solo pudo llevar un par de palomillas para su purificación (Lc. 2.22) describe la realidad del hogar donde Jesús se moldeo. La cuidad de Nazaret donde Jesús nació era una colina donde vivía muchas gente pobre y se podía apreciar las caravanas de mercaderes ricos de Egipto. No cabe duda que Jesús conocía las pobreza y las diferencias sociales de primera mano.

La acumulación de bienes a través del arduo trabajo, no es el peor de los males, sino la fuerza de lucha que puede suscitar en el corazón, Mt.6.24 dice, “Nadie puede servir a dos señores, pues menospreciará a uno y amará al otro, o querrá mucho a uno y despreciará al otro”. Es obvio que la fuerza de los bienes influye en una dirección y el amor de Dios en otra, lo cual crea una división en el corazón del hombre. Cuando esto sucede, el dinero solo revela la naturaleza del hombre caído, el cual cada día es más proclive hacia el mal, (Gn.6.5).

 

Veamos algunas características de una mente oscurecida por la codicia.


Al leer la primera línea es obvio que este rico solo tenía tiempo para sí mismo. Su vida de autocomplacencia de vestir con túnicas de púrpura y celebrar banquetes cada día, no solo procura satisfacer su vida personal, sino intenta demostrar que él es verdaderamente rico. Lo que a primera instancia está presente es su orgullo. Poniendo de manifiesto los dos a accionar del mismo: la vanagloria a través de su conducta y la jactancia por medio de su actitud, (1 Co.13.4). Así que el rico no solo tenía riqueza, sino que quería demostrarla. El hecho de que Jesús señale su vestimenta “púrpura y lino fino” procura con dos palabras describir la postura de ostentación del rico. Usar un material exclusivo de fabricación fenicia no solo simboliza su riqueza, sino el alcance de su poder. ¡El rico se veía asimismo como un rey y vestía como tal!, y no solo esto, su ropa de “lino fino” (del hebreo butz, que significa algodón) el cual se utilizaba para elaborar ropa interior, nos indica que tanto su ropa exterior como la interior era de gran calidad.

dale una gota de poder y verás en que se transforma el hombre.

Segundo, la injustica. El hecho que “hacia cada día banquete con esplendidez” expresa la falta de piedad y de justicia (Ro.1.18) en su vida. El rico solo no guarda el día observado, el Shabbat. Además, sus siervos no disfrutan nunca de un día de descanso. Su vida ostentosa era más importante que la ley de Dios. La injusticia que cometía era a su persona y a los demás y qué pensar de Lázaro, ¡Ni hablar!

Tercero, la misericordia. En la palestina de Jesús era costumbre dejar los mendigos a la puerta del algún rico como vocación de misericordia (Is.58.6,7). Y cuando vemos la condición de Lázaro podemos extrapolar que el “hecho que esté echado a la puerta” nos indica que no podía moverse debido a su condición de salud. Además, en la Torah está el mandato divino de ayudar a los necesitados (Deut. 15:7-11) pero en el caso del rico no era su misión a cumplir. El rico era consiente, él conocía a Lázaro (Lc.16.23, 24), pero no obstante Lázaro solo recibía la atención de los perros del rico.

Es obvio que al rico su riqueza le había encerrado el riesgo que ella representa y es que puede transformar el corazón del hombre al pasar de la mano al corazón y luego a los ojos y poner un veloz y finalmente cauterizar el intelecto.

En conclusión, no importa que bien nos alimentemos, que apariencia presentemos y cuán meritoria sea nuestra vida delante de los demás, llegará el día que debemos partir, sea que tengamos o no un funeral como en el caso de Lázaro y el rico, ese día llegará. A pesar de la vida opulenta y meritoria debajo del sol, hay algo que no debemos pasar por alto y es que no halla registro de tu nombre. Resulta atractivo que la parábola nos no dice el nombre del rico, pero sí nombra a Lázaro <<aquel al que Dios ayuda>>.

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